¿Cómo nació el periodismo moderno en América Latina?

Categoría: Actividades

Por: Néfer Muñoz Solano

Mi proyecto de investigación en el CICOM consiste en estudiar cómo se ejerce el periodismo durante el siglo XIX y XX en América Latina y su paralelismo con la publicación de las primeras novelas latinoamericanas. El enfoque de mi estudio le otorga una especial atención a la estética de los discursos y las imágenes, así como al contexto histórico, social y político.

Es importante anotar que la mayoría de los periodistas e intelectuales latinoamericanos jugaron un activo rol en los movimientos independentistas y sirvieron como figuras centrales en la formación y consolidación de los nuevos estados nacionales.

En el caso del siglo XX, estoy estudiando al periodista y escritor José Marín Cañas (1904-1980), figura central en las letras de Costa Rica y Centroamérica. Uno de los hallazgos más importantes de mi investigación es cómo el sensacionalismo juega un papel trascendental en la obra periodística y literaria de Marín Cañas. En mi estudio analizo sus textos publicados en periódicos así como sus novelas. Y uno puede notar cómo en ambos casos el escritor imbrica o entremezcla la ficción con datos referenciales de la vida real.

Dos de los textos a los que más les he dedicado atención es su reportaje titulado Coto (1934) y su novela El infierno verde (1935). En mi opinión, Coto es un texto pionero del periodismo narrativo contemporáneo que, valga decir, utiliza técnicas muy parecidas a las que Gabriel García Márquez pone en práctica dos décadas más tarde cuando escribe Relato de un náufrago.

En el caso del texto El infierno verde, es interesante destacar que Marín Cañas originalmente lo publica cuando era director del vespertino La Hora. Con técnicas sensacionalistas, Marín Cañas hace creer a los lectores de su periódico que este texto era el diario verdadero de un soldado anónimo paraguayo que murió de sed en la Guerra el Chaco. El infierno verde despierta en aquel momento una curiosidad inusitada en los lectores costarricenses y las ventas del diario se disparan. Sin embargo, en realidad, el texto era una ficción y el autor era el propio Marín Cañas. De forma inmediata, El infierno verde llama la atención de editores internacionales y, meses más tarde, es publicado en Buenos Aires como novela por la editorial Espasa-Calpe para ser distribuida por toda América Latina y España.

Más allá del evidente factor comercial que beneficiaba a su periódico con la venta de ejemplares, una motivación fundamental que mueve a Marín Cañas a hacer pasar un relato inventado como si fuera un testimonio real, es construir una narrativa que ayude a (con)formar, aumentar y consolidar un público lector -que en ese momento en Costa Rica apenas está en una fase incipiente-, de manera que esto permitiera las condiciones para el desarrollo de un mercado literario local.

En estos momentos estoy puliendo los detalles de un artículo para publicación que es una especie de historia del sensacionalismo y de análisis del caso de Marín Cañas. La novela El infierno verde es un ejemplo que sirve para ilustrar una estrategia que Marín Cañas utiliza en en la construcción discursiva de su vespertino. En los textos que escribe él mismo o que encarga a sus otros periodistas, hace uso del sensacionalismo al promover técnicas con las cuales introduce, velada o directamente, coincidencias e ironías así como una violación a las expectativas normales de la causalidad. Es decir, fomenta aquello que Roland Barthes llama la “causalidad ligeramente aberrante”, que el escritor y semiólgo francés describe como una perturbación con el fin de provocar asombro.

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Esta es la portada del diario costarricense La Hora del 21 de febrero de 1934 cuando este vespertino comenzó a publicar el reportaje Coto, cuyo título original fue Coto, rincón de olvido.

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El diario La Hora realizó una campaña sensacionalista de expectativa en 1935 días antes de la publicación del texto del El infierno verde.

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El periódico La Hora confesó públicamente en su portada que el texto El infierno verde no era el diario anónimo de un soldado anónimo paraguayo sino una ficción de su director, José Marín Cañas.

 

 

 

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